Según Fink, estos podrían alcanzar el 5,5% en un escenario posible, reflejando una combinación de factores como la persistente inflación, ajustes en las políticas de la Reserva Federal y las dinámicas del mercado de deuda. Aunque destacó que una nueva subida de tipos no es su principal pronóstico, su visión se alinea con un mercado que evalúa continuamente el impacto de las medidas restrictivas de la Fed sobre la economía real y el sistema financiero.
La subasta más reciente de bonos TIPS (valores protegidos contra la inflación) reforzó esta narrativa, con un rendimiento del 2,243%, superior al 2,071% previo, marcando un aumento en las expectativas inflacionarias y las primas de riesgo percibidas. Además, el reporte de la EIA mostró que las existencias de crudo en Estados Unidos cayeron por novena semana consecutiva, algo que no se observaba desde enero de 2018. Este ajuste refleja tanto una demanda sostenida como restricciones en la oferta, lo que podría mantener la presión alcista sobre los precios del petróleo, con implicaciones significativas para los mercados globales y las perspectivas de inflación.
En el ámbito corporativo, Nissan tomó una decisión estratégica al detener sus planes de producción de vehículos eléctricos compactos en Estados Unidos. Este movimiento plantea interrogantes sobre el atractivo de las políticas fiscales en el sector automotriz, particularmente en el contexto de las promesas del expresidente Donald Trump de reducir la tasa del impuesto corporativo al 15% para productos fabricados en Estados Unidos. Trump enfatizó que estas medidas buscan revitalizar la manufactura nacional, al tiempo que aseguró que el Congreso aprobará el mayor recorte de impuestos en la historia del país, consolidando su mensaje hacia una política fiscal expansiva orientada al estímulo económico.
Trump también vinculó su política energética con la necesidad de duplicar la capacidad energética nacional para soportar el crecimiento de tecnologías avanzadas como la inteligencia artificial (IA). Declaraciones como estas están diseñadas para capturar el interés de inversores y empresas tecnológicas, mientras buscan atraer manufactura y reducir la dependencia de importaciones, especialmente en sectores críticos. Por otra parte, la relación energética entre Estados Unidos y sus socios globales continúa siendo una prioridad, con Trump anunciando planes para garantizar el suministro energético a Europa y exigir mayores inversiones de países productores como Arabia Saudita, incluso amenazando con aranceles si estas demandas no se cumplen.
En Europa, los indicadores económicos sugieren una recuperación parcial y desigual. El Reino Unido mostró un desempeño alentador en enero, con un PMI manufacturero de 48,2, superando ampliamente la estimación de 47,0, y mejoras en los índices de servicios (51,2) y compuesto (50,9). Estos datos destacan un repunte moderado en la actividad económica, aunque permanecen por debajo de los niveles que indicarían una expansión sostenida.
PMI del reino unido. Tomado de Bloomberg
Alemania, la mayor economía de la zona euro, presentó una sorpresa positiva en sus indicadores. El PMI manufacturero subió a 44,1, por encima de la estimación de 42,7 y el registro previo de 42,5. Los servicios mostraron una mejora significativa, alcanzando 52,5, mientras que el índice compuesto llegó a 50,1, regresando a territorio expansivo por primera vez en varios meses. Francia, en contraste, sigue enfrentando dificultades, con su PMI compuesto en 48,3, reflejando una contracción persistente en la actividad económica.
La zona euro en su conjunto mostró signos de estabilización, con el PMI compuesto alcanzando 50,2 frente a un estimado de 49,7. Sin embargo, el PMI manufacturero permaneció en territorio contractivo con 46,1, lo que refleja desafíos estructurales en las industrias clave del bloque. La confianza del consumidor mejoró ligeramente a -14,2 desde -14,5, pero sigue siendo un recordatorio de las preocupaciones de los hogares ante la incertidumbre económica y las presiones inflacionarias.
En Asia, el Banco de Japón (BoJ) sorprendió al mercado al elevar su tasa de política monetaria en 25 puntos básicos, llevándola al 0,5%, el nivel más alto desde 2008. Este cambio marca un giro significativo en la política ultra acomodaticia del BoJ, con un enfoque en equilibrar el aumento de la inflación y los salarios frente al riesgo de un regreso a la deflación. La decisión, dividida 8-1 en la junta del banco, refleja un creciente debate interno sobre el momento adecuado para ajustar la política. Toyoaki Nakamura, el único miembro en desacuerdo, argumentó que el BoJ debería esperar confirmaciones más sólidas del aumento en el poder adquisitivo empresarial antes de proceder.
Por otra parte, los mercados chinos cerraron la semana con un fuerte repunte, impulsados por el optimismo de los inversores que descartaron escenarios pesimistas y liquidaron posiciones cortas acumuladas en las últimas semanas. Sin embargo, la dinámica en China también está marcada por preocupaciones regulatorias, como el retiro masivo de vehículos Tesla del mercado por parte del regulador, una medida que afecta tanto a los modelos importados como a los fabricados localmente. Este evento subraya los retos operativos y de cumplimiento que enfrentan las empresas extranjeras en el competitivo mercado chino.
A nivel geopolítico, los desarrollos en torno a la guerra en Ucrania continúan dominando las discusiones. El Kremlin reiteró que el conflicto es una cuestión de seguridad nacional más que una cuestión energética, mientras que Trump destacó que una caída en los precios del petróleo podría facilitar un acuerdo para poner fin a la guerra. El expresidente también afirmó que buscará reuniones con Vladimir Putin y Volodímir Zelenski para avanzar en negociaciones de paz, en un intento por reposicionar a Estados Unidos como un mediador clave en el conflicto.
Finalmente, el Senado de Estados Unidos se prepara para votar la confirmación de un nuevo candidato del Tesoro, mientras que el senador Lummis, un defensor destacado de las criptomonedas, anunció un evento importante relacionado con este sector. Este último aspecto podría influir en la regulación de activos digitales, un tema que sigue ganando relevancia en los mercados financieros.
En este entorno global interconectado, las decisiones políticas, económicas y empresariales están configurando un panorama de gran complejidad, con implicaciones profundas para la estabilidad y el crecimiento de los mercados en 2025 y más allá.