Liderar con propósito que trasciende
“Hacer las cosas bien, incluso cuando nadie está mirando, ha sido siempre mi ancla.”
Ligia Bonetti
Durante más de tres décadas, ha impulsado transformaciones que redefinieron el estándar de la industria dominicana, liderando procesos de modernización, expansión internacional y consolidación institucional. Su trayectoria integra resultados medibles: plantas industriales automatizadas con tecnología de punta, certificaciones globales, crecimiento en mercados de alto valor y un modelo de sostenibilidad que articula operaciones, talento y comunidad. Reconocida por su rol en la estrategia Marca País y por su voz activa en temas nacionales, su liderazgo se alinea con el enfoque de esta edición: sostenibilidad como visión estratégica, ética como ventaja competitiva y gobernanza como base del desarrollo. Esta entrevista revela el pensamiento detrás de una líder que concibe el progreso empresarial como compromiso con el país.
Después de tres décadas liderando en el sector industrial, ¿qué considera que ha sido el principio rector que más ha determinado su estilo de liderazgo, incluso en momentos de alta presión o incertidumbre?
Mi estilo de liderazgo siempre ha estado guiado por un principio esencial: hacer las cosas bien, incluso cuando nadie está mirando. Ese compromiso con la integridad se ha convertido en mi ancla, especialmente en momentos de incertidumbre o bajo presión. Y es que liderar para mí significa dejar huellas que trasciendan, implica proteger la reputación construida a lo largo de más de ocho décadas y recordar que ningún negocio justifica comprometer los valores que sostienen nuestra credibilidad. Siempre he creído que es preferible dejar pasar una oportunidad que poner en riesgo la confianza que generaciones han levantado con trabajo serio y coherente. Asimismo, mi voz y mi participación en los temas de interés nacional, así como mi compromiso de no dejar a nadie atrás, se nutren de esa misma convicción: liderar con ética, conciencia y propósito, construyendo un camino que inspire confianza y legado.
El Grupo SID ha logrado consolidarse como un referente nacional en innovación, sostenibilidad y expansión industrial. ¿Qué decisiones estratégicas —con datos o ejemplos concretos— han sido claves para sostener ese crecimiento en un contexto global tan competitivo?
El crecimiento del Grupo SID ha sido el resultado de decisiones sostenidas orientadas a transformar profundamente nuestras capacidades empresariales. En la última década, emprendimos una modernización integral de nuestras plantas industriales, incorporando tecnología de punta, automatización avanzada y maquinaria que hoy nos permite competir con estándares internacionales. Esta apuesta se fortaleció con rigurosas certificaciones que avalan nuestra calidad, seguridad alimentaria y la eficiencia de nuestras operaciones. Sin embargo, la transformación no se limitó al ámbito técnico. Paralelamente, fortalecimos nuestra cultura organizacional y, por segundo año consecutivo, obtuvimos la certificación Great Place to Work con calificaciones sobresalientes, un reconocimiento que reafirma que nuestra gente está en el centro de todo lo que hacemos. Asimismo, asumimos la expansión internacional como una misión estratégica. Establecimos alianzas en Estados Unidos, abrimos puertas en mercados donde antes no teníamos presencia y hoy vemos cómo esos pasos, dados con visión y valentía, están rindiendo frutos. Crecer fuera nos impulsa a elevar cada día nuestros propios estándares, consolidando una empresa moderna, ágil y plenamente consciente de su impacto.
Usted ha impulsado transformaciones relevantes en gobernanza empresarial e institucional. Desde esa experiencia, ¿qué vacíos estructurales identifica hoy en la relación entre sector privado, Estado y ciudadanía, y qué reformas cree que son impostergables para el país?
El país necesita una articulación más efectiva entre el Estado, el sector privado y la ciudadanía. Persisten vacíos estructurales relacionados con la capacidad institucional, la continuidad de las políticas públicas y la adaptación regulatoria a los cambios globales. En ese contexto, creo firmemente que el empresariado debe asumir un rol más activo, dispuesto a expresar lo que piensa con claridad y de manera constructiva. El silencio por complacencia nunca ha ayudado a un gobierno a superar sus desafíos; por el contrario, ha perpetuado problemas que requieren diálogo honesto y decisiones valientes. Un liderazgo empresarial maduro entiende que callar para evitar incomodidades es una irresponsabilidad frente al país. Necesitamos voces que se escuchen, voces que defiendan la estabilidad del sector privado con argumentos sólidos, y que participen en las discusiones públicas sin intereses particulares, guiadas únicamente por el bien común. Las reformas impostergables pasan por fortalecer la transparencia y meritocracia del Estado, modernizar la regulación para acompañar la innovación y promover una cultura de planificación a largo plazo. Ningún modelo de desarrollo será sostenible si dejamos que la apatía o la complacencia reemplacen el deber de contribuir activamente a la construcción institucional que la República Dominicana merece.
Desde su rol dentro del proceso de Marca País, ¿cuáles son las métricas o indicadores que considera indispensables para medir si la Marca República Dominicana realmente está creando valor económico, reputacional y social?
Medir el impacto de Marca País exige mucho más que indicadores aislados; implica evaluar si estamos logrando posicionar a la República Dominicana como un todo coherente, competitivo y admirado en el ámbito internacional. Uno de los grandes retos que enfrentamos es precisamente exponer nuestra identidad nacional de forma integral, anclándonos en la fortaleza indiscutible del turismo, pero ampliando esa narrativa hacia los demás pilares estratégicos: inversión, exportaciones, cultura y ciudadanía. Solo así construiremos una marca que refleje la riqueza total de lo que somos. En ese sentido, las métricas esenciales incluyen el posicionamiento del país en índices globales, la percepción internacional de nuestra reputación, el incremento de exportaciones diferenciadas, la atracción de inversión extranjera directa de mayor calidad, la diversificación del turismo y la capacidad de generar valor económico y social para nuestra gente. Pero también debemos evaluar la coherencia institucional detrás de la marca. Las instituciones del Estado, incluyendo todo el cuerpo diplomático, tienen la responsabilidad de convertirse en embajadores activos y preparados de la Marca País. Son ellos quienes, desde el terreno internacional, deben promover de forma articulada nuestros pilares, activar oportunidades, crear conexiones estratégicas y comunicar con conocimiento y consistencia lo que representamos como nación. Esa es una tarea que no recae en una sola persona ni en una única entidad, es un proyecto de país que exige coordinación, compromiso y convicción colectiva. Una Marca País sólida prospera cuando todos, es decir sector público, sector privado, diáspora, academia y ciudadanía, asumimos que somos parte de su construcción. Su éxito dependerá de la capacidad que tengamos de trabajar de manera integrada, proyectar una voz unificada y consolidar una reputación que se sostenga en hechos, resultados y un propósito común.
La sostenibilidad se ha convertido en un eje transversal para el Grupo SID. ¿Qué proyectos, inversiones o políticas internas ejemplifican mejor cómo se traduce esa visión en resultados tangibles?
En el Grupo SID entendemos que la sostenibilidad es un compromiso ético con el presente y con las generaciones que vendrán. Nuestro proceso de modernización industrial ha incorporado equipos energéticamente eficientes, sistemas de reducción de emisiones, plantas de tratamiento, prácticas de economía circular y un uso más responsable de los recursos. Hemos fortalecido nuestras certificaciones de calidad y sostenibilidad porque creemos en estándares que se demuestran, no que simplemente se declaran. A la par, impulsamos programas comunitarios de educación, salud, nutrición y desarrollo social que buscan asegurar que todos tengan la oportunidad de avanzar. Y, en esa misma línea, robustecimos nuestro clima laboral mediante iniciativas de bienestar, seguridad y crecimiento profesional que han sido reconocidas por organismos nacionales e internacionales, reafirmando que una empresa sostenible debe ser, ante todo, un lugar donde las personas puedan desarrollarse plenamente.
En su trayectoria ha asumido posiciones de alta responsabilidad en instituciones del sector empresarial. ¿Cómo evalúa la madurez del liderazgo corporativo dominicano y qué competencias considera críticas para enfrentar la próxima década de transformación tecnológica y productiva?
El liderazgo dominicano ha madurado, pero se enfrenta a una década que exigirá nuevas capacidades. La transformación tecnológica demanda líderes capaces de adaptarse rápidamente, de leer tendencias globales y de tomar decisiones basadas en datos, sin perder de vista la ética y el impacto social. Las competencias críticas serán: pensamiento estratégico, agilidad digital, integridad, responsabilidad social, capacidad de inspirar equipos diversos y compromiso con prácticas empresariales que cuiden el medioambiente y la reputación corporativa. Un líder que no comprende que su rol implica dejar huella positiva protegiendo la institucionalidad y la transparencia, se quedará atrás. En mi caso, liderar hacia mercados internacionales me ha enseñado que la credibilidad es tan importante como la capacidad técnica.
En un entorno donde las cadenas de valor globales se redefinen, ¿qué oportunidades ve para la industria dominicana en términos de nearshoring, innovación y competitividad? ¿En qué sectores o capacidades deberíamos acelerar inversiones?
El nearshoring presenta una oportunidad extraordinaria para la República Dominicana. Nuestra ubicación estratégica, el talento local y la infraestructura portuaria nos permiten posicionarnos como un socio confiable para empresas que buscan relocalizar operaciones. Veo un enorme potencial en manufactura avanzada, agroindustria especializada, servicios logísticos, innovación en empaques y productos de consumo con estándares globales. Sin embargo, para aprovechar plenamente este momento, es imprescindible continuar modernizando procesos, fortalecer nuestra reputación de calidad, ampliar certificaciones internacionales y consolidar alianzas estratégicas, como las que ya hemos establecido en Estados Unidos y que hoy nos están abriendo puertas en mercados de alto valor.
El desarrollo del talento ha sido una prioridad constante para usted. ¿Qué capacidades, habilidades o mindset considera que debe cultivar un profesional dominicano para competir globalmente y liderar con propósito?
El talento dominicano tiene un potencial extraordinario, pero para competir globalmente necesitamos formar profesionales capaces de ir más allá del conocimiento técnico. Hoy, más que nunca, resulta indispensable desarrollar facultades esenciales como el sentido común, el pensamiento crítico y el razonamiento lógico. Estas habilidades son las que permiten analizar situaciones complejas, cuestionar supuestos y construir soluciones innovadoras, especialmente en un entorno donde la tecnología avanza con rapidez. La adaptación de los currículos escolares y universitarios es vital para lograrlo. Si queremos un país competitivo, debemos preparar a nuestra gente para pensar, interpretar, decidir y liderar. Necesitamos sistemas educativos que fomenten la curiosidad, la creatividad y la capacidad de resolver problemas reales, no solo la memorización. En este contexto, la inteligencia artificial es una herramienta poderosa, pero su impacto dependerá de cómo la utilicemos. La IA puede procesar datos, optimizar procesos y apoyar la toma de decisiones, pero no puede reemplazar la intuición humana, la sensibilidad ética ni la capacidad de formular las preguntas correctas. Ahí reside nuestra verdadera ventaja.
El profesional del futuro y del presente será aquel que sepa integrar la tecnología con pensamiento propio, que utilice la IA para potenciar su desempeño y no para sustituir su criterio. Competir globalmente exige conocimiento, sí, pero también carácter, juicio y propósito. Y eso solo se construye a través de educación de calidad, experiencia y un compromiso con el desarrollo continuo.

Su trayectoria combina éxito empresarial con un profundo compromiso social. ¿Qué mecanismos considera más efectivos para lograr que el crecimiento empresarial en el país se traduzca en movilidad social, empleos de calidad y equidad de oportunidades?
El crecimiento empresarial tiene sentido cuando se traduce en movilidad social y oportunidades. Creo firmemente en que las empresas debemos invertir en formación técnica, generar empleo formal de calidad y apoyar a comunidades vulnerables para cerrar brechas históricas. Los proyectos sociales de Grupo SID, como EducaSID e InclúyemeSID, junto con nuestras políticas de sostenibilidad, buscan precisamente eso: construir un país donde todos tengan la oportunidad de avanzar. Una empresa que se moderniza y se internacionaliza tiene la responsabilidad de extender sus beneficios a su entorno. El verdadero éxito se mide en vidas transformadas, en familias que progresan y en comunidades que encuentran más posibilidades de crecimiento.
Si tuviera que definir su legado como líder en lo empresarial, lo institucional y lo humano, ¿cuál diría que es el aporte más trascendente que desea dejar al país y a las generaciones que vienen detrás?
Si algo deseo dejar como legado es la convicción de que los grandes liderazgos se construyen dejando huellas, no imponiendo pasos. Aspiro a que se recuerde que siempre defendí la integridad, la reputación y la importancia de hacer las cosas bien, aun cuando resultara más difícil. Que involucré mi voz y mis acciones en los temas de interés nacional. Que contribuí a modernizar empresas, expandirlas a mercados internacionales y demostrar que la excelencia, la ética y la responsabilidad social pueden convivir con la competitividad más exigente. Mi aporte más trascendente sería haber inspirado a otros a elevar sus estándares, a cuidar lo que heredamos, a asegurar que todos puedan avanzar juntos y a creer que, desde la empresa, también se construye país.
Factores Clave
- Modernización industrial con automatización avanzada y certificaciones globales.
- Expansión internacional basada en alianzas estratégicas en EE. UU.
- Liderazgo ético como ventaja competitiva y base reputacional.
- Talento + pensamiento crítico + IA = profesional competitivo globalmente.
El liderazgo de Ligia Bonetti revela una coherencia poco común: su visión integra ética, sostenibilidad, tecnología y competitividad como partes inseparables de un mismo modelo de desarrollo. Su aporte trasciende la gestión empresarial para instalar una conversación urgente sobre cómo el país puede crecer preservando reputación, ampliando oportunidades y fortaleciendo la institucionalidad.
Su mirada invita a asumir que el futuro dominicano se construye con decisiones valientes, métricas claras y una convicción profunda de que el progreso solo es real cuando incluye a todos. Las próximas décadas exigirán liderazgo con propósito; ella ya lo practica.