Tecnología humana al servicio del bienestar
“No separamos la conectividad de la responsabilidad; son dos caras de la misma decisión.”
Cyntia Soto
Con más de 20 años de experiencia en sostenibilidad, asuntos corporativos y posicionamiento institucional, Cyntia Soto ha liderado agendas donde la tecnología deja de ser solo infraestructura para convertirse en bienestar tangible. Desde Claro Chile y VTR impulsa la Estrategia de Sostenibilidad “Juntos Construimos Futuro”, que integra redes 5G, la red de fibra óptica al hogar más grande de Chile y soluciones específicas como el Plan Más Seguro, que incorpora el software SoyMomo para acompañar la vida digital infantil. Con iniciativas de alfabetización digital que alcanzan cada año a cerca de dos mil personas —incluyendo adultos mayores, emprendedores y jóvenes— y estudios como Radiografía Digital y Senior Tech, su trabajo conecta métricas, políticas públicas y alianzas como la Alianza por el Bienestar Digital Infantil. En el marco de una edición dedicada a la sostenibilidad, su mirada pone en el centro una idea clave: una tecnología más humana, ética y responsable es condición para el desarrollo y no solo un valor reputacional.
Desde su rol en compañías de telecomunicaciones y tecnología, ¿cómo aterriza en la práctica esa idea de que la tecnología debe ser “más humana y al servicio de nuestro desarrollo”? ¿Qué decisiones concretas en modelos de negocio, diseño de productos y experiencia de cliente cambian cuando se parte de ese principio y no solo de la lógica de conectividad o rentabilidad?
Para nosotros, la tecnología solo cobra sentido cuando se traduce en bienestar real para las personas. Ese es el punto de partida. Cuando miramos los productos y los modelos de negocio desde esa idea, la conectividad deja de ser solo infraestructura y se convierte en una herramienta para acompañar, proteger y generar oportunidades.
Con esa mirada desarrollamos la Estrategia de Sostenibilidad Juntos Construimos Futuro, que sitúa en su centro el bienestar. Esto implica crear servicios pensados para situaciones concretas, con herramientas y guías para un buen uso de la tecnología. De ahí surge, por ejemplo, un plan que lanzamos este año llamado Plan Más Seguro, que integra un software SoyMomo, con GPS incluido, que apoya la protección, educación y seguimiento responsable en la vida digital infantil.
Desde el punto de vista de una tecnología al servicio del desarrollo, también se refleja en la mejora de la experiencia de nuestros clientes. Este año renovamos nuestra red móvil con 5G y, con orgullo, podemos decir que contamos con una de las redes más grandes de fibra óptica del país. Además, trabajamos para entregar productos y servicios que respondan a las necesidades de las personas y, por supuesto, que sean los más convenientes.
Finalmente, quisiera destacar que, para nosotros, una tecnología “más humana” implica entender que es fundamental contar con criterios éticos, privacidad desde el diseño y alfabetización digital como parte de nuestros modelos de negocio. No separamos la conectividad de la responsabilidad; son dos caras de la misma decisión.
La conectividad suele presentarse como habilitador de inclusión, pero también puede profundizar brechas si no se gestiona con criterio de sostenibilidad y derechos. ¿Cuáles son hoy las tensiones más complejas que observa entre masificación digital, equidad de acceso, protección de grupos vulnerables (niñez, tercera edad, territorios rezagados) y sostenibilidad del negocio? ¿Cómo las están abordando desde CLARO Chile y VTR?
Para nosotros, la masificación digital abre una oportunidad enorme: que más personas, territorios y comunidades accedan a servicios, información y acompañamiento que antes no estaban a su alcance. Ese es el punto de partida. Aprovechar bien esa oportunidad exige hacerse cargo de ciertos desafíos que están sobre la mesa y que asumimos como parte de nuestra responsabilidad.
El primero es el acceso. Por eso estamos desplegando la red de fibra óptica al hogar más grande de Chile y reforzando la red móvil cuando vemos que hay factibilidad técnica.
El segundo desafío son las habilidades. Si bien la conectividad es el punto de partida, es fundamental que las personas tengan las herramientas para usarla con confianza. Por ello, cada año capacitamos a cerca de dos mil personas en alfabetización digital, con programas específicos para adultos mayores, emprendedores, niños, niñas y adolescentes.
El tercero es la protección. Los grupos más expuestos —niñez, personas mayores— requieren un acompañamiento distinto. Por eso impulsamos iniciativas como la Radiografía Digital, que muestra cómo se relacionan estos grupos con la tecnología. Vemos, por ejemplo, cómo impacta el ciberacoso, las noticias falsas o llamadas fraudulentas. Observamos cómo abordan la inteligencia artificial, el uso de las redes sociales y el tiempo que destinan a estar frente a las pantallas. Estos insumos son críticos para abordar acciones, como el Compromiso por el Bienestar Digital Infantil, una alianza público-privada que firmamos recientemente.
Así entendemos la sostenibilidad del negocio: ampliar oportunidades, cerrar brechas y acompañar a quienes más lo necesitan. La masificación digital y la responsabilidad no son caminos separados; avanzan juntas cuando ponemos a las personas al centro.
La Alianza por el Bienestar Digital Infantil es un ejemplo potente de articulación público-privada, gremial y académica. ¿Qué aprendizajes le deja este proceso en términos de gobernanza de alianzas, gestión de intereses diversos y construcción de confianzas? ¿Qué condiciones mínimas cree que deben darse para que este tipo de compromisos no se queden en declaraciones simbólicas, sino que se traduzcan en cambios verificables en contenidos, plataformas y conductas?
La Alianza por el Bienestar Digital Infantil se formó para abordar un desafío urgente: acompañar a madres, padres y cuidadores en la crianza digital y promover entornos más seguros para niños, niñas y adolescentes. El acuerdo —suscrito por las Subsecretarías de la Niñez, Telecomunicaciones y Educación, además de ACTI, CEPPE de la Pontificia Universidad Católica de Chile, la Universidad Adolfo Ibáñez y Claro Chile como parte de los firmantes— nos permitió unir capacidades distintas bajo un propósito común.
- Gobernanza con roles definidos. La coordinación funciona cuando cada actor sabe qué debe hacer y en qué plazo.
- Decisiones basadas en evidencia. Los estudios que realizan la Universidad Adolfo Ibáñez, el CEPPE de la Universidad Católica y nuestra Radiografía Digital entregan información clave para alinear criterios y avanzar desde información sólida.
- Compromisos medibles. Privacidad desde el diseño, configuraciones seguras por defecto, campañas informativas y formación para familias y docentes han sido avances concretos derivados de la alianza.
- Confianza construida con transparencia. Compartir datos, metodologías y marcos éticos facilita un trabajo consistente entre instituciones públicas, privadas y académicas.
Gracias a estos aprendizajes, pudimos movernos hacia soluciones concretas, como el lanzamiento de nuestro Plan Más Seguro, orientado a apoyar a las familias de manera directa y contribuir a una crianza digital más segura y acompañada. La protección digital de la niñez es un desafío país, y esta alianza nos permitió acelerar respuestas y establecer un camino común.
En un entorno donde la inteligencia artificial, el uso de datos y los algoritmos se integran al corazón del negocio, ¿cómo están repensando la agenda de sostenibilidad y responsabilidad corporativa? ¿Qué nuevos dilemas éticos aparecen (sesgos, huella de datos, atención de la niñez, desinformación) y qué mecanismos de gobernanza, indicadores o comités consideran claves para gestionarlos?
La creciente penetración de la inteligencia artificial nos abre una oportunidad clara: usar la tecnología para acompañar mejor a las personas, especialmente a quienes han estado más lejos del mundo digital. La Radiografía Digital “Senior Tech” muestra cómo en las personas mayores el conocimiento sobre IA es cada vez más alto. Casi un 80% de ellos la conoce y cada día crece la adopción de herramientas como ChatGPT, Waze, los asistentes de Google, Siri y Alexa, además de Duolingo.
Desde esa evidencia estamos fortaleciendo tres focos:
- Uso responsable de datos y diseño ético. Incorporamos privacidad desde el origen, evaluaciones de impacto y criterios claros para reducir la huella de datos.
- Acompañamiento a los grupos más expuestos. Los hallazgos del Senior Tech guían programas de alfabetización digital y soluciones pensadas para adultos mayores, con énfasis en seguridad y confianza.
- Gobernanza robusta. Nuestro Comité de Sostenibilidad y las mesas de trabajo en ciudadanía digital, datos, ética en IA y ciberseguridad forman parte de la estrategia del negocio, no de un anexo técnico.
La IA trae desafíos, pero también la posibilidad de acercarnos más a las personas y diseñar servicios que respondan a necesidades reales, con responsabilidad y foco en bienestar digital.
Usted ha liderado procesos de transformación organizacional vinculados a sostenibilidad en empresas y gremios. ¿Qué ha aprendido sobre cómo “mover la aguja” internamente: qué funciona para que los equipos directivos vean la sostenibilidad y el bienestar digital como palancas de valor y no solo como cumplimiento reputacional? ¿Hay alguna decisión o conversación de alto nivel que haya marcado un antes y un después?
Mover la aguja interna requiere tres cosas: evidencia, propósito y resultados. Primero, cuando mostramos datos —por ejemplo, que 1 de cada 2 adolescentes ha vivido ciberacoso o que 33% de los adultos mayores ha sufrido fraude digital— los equipos entienden que no es un tema reputacional, sino un problema real del país.
Segundo, el propósito moviliza. Tener una visión clara, trabajar por un mundo mejor, no decora la estrategia; la ordena. Cuando las áreas ven que nuestras decisiones de negocio están alineadas a ese propósito, se suman con convicción.
Y por último, los resultados hablan. La integración de Claro y VTR, que hoy nos tiene con la red móvil renovada y fibra óptica líder, demostró que sostenibilidad y transformación pueden ir juntas.
Diría que la conversación que marcó un antes y un después fue entender que bienestar digital es parte del valor del negocio. Cuando pones al cliente en el centro, incluyendo su seguridad y su experiencia digital, todo cambia.
Desde su experiencia en incidencia gremial y en políticas públicas, ¿cómo evalúa el grado de madurez del ecosistema regulatorio en Chile y la región respecto a bienestar digital, protección de la niñez y uso responsable de tecnologías? ¿En qué temas cree que el sector privado debería asumir un liderazgo anticipatorio —ir más allá de la ley— y en cuáles es imprescindible un marco normativo más robusto?
Chile tiene avances importantes, pero aún estamos viviendo procesos de evolución y construcción. La nueva Ley de Protección de Datos es un paso clave. La discusión sobre derechos digitales de niños y niñas está más presente que nunca. Y hemos visto a la autoridad abordar temas como ciberseguridad y contenidos dañinos con mayor urgencia. Pero también hay brechas y un camino por avanzar. Desde mi punto de vista, tenemos aún camino por recorrer para que se asiente una mirada integral sobre bienestar digital infantil, a la vez que, desde el punto de vista tecnológico, necesitamos estándares para plataformas y algoritmos que afectan a menores.
El sector privado debe anticiparse especialmente en: privacidad por diseño; seguridad desde el diseño; configuraciones correctas para menores; transparencia algorítmica.
Y el Estado es imprescindible en: normas vinculantes para plataformas globales; criterios para publicidad dirigida a menores; protección de datos sensibles; alfabetización digital como política pública permanente.
Cuando hablamos de bienestar digital infantil y tecnología al servicio del desarrollo, ¿cómo miden el impacto real? ¿Qué tipo de métricas, indicadores o sistemas de seguimiento considera indispensables para que la alta dirección pueda ver el retorno —social, reputacional y de negocio— de invertir en estas agendas y seguir escalándolas?
Medir el impacto es fundamental para avanzar en bienestar digital infantil y en tecnología al servicio del desarrollo. Para nosotros, esa evaluación se organiza en tres dimensiones que permiten a la alta dirección entender el retorno social, reputacional y de negocio de estas iniciativas.
La primera dimensión son los indicadores de acceso y uso seguro. Observamos la edad de acceso al primer dispositivo, las horas frente a pantallas, los casos de ciberacoso y fraude, y los niveles de alfabetización digital. Estos datos muestran el punto de partida y ayudan a orientar intervenciones más efectivas.
La segunda dimensión corresponde al impacto educativo y social. Analizamos cómo se utiliza internet para aprender, los niveles de confianza digital, la percepción de seguridad en los entornos online y el grado de acompañamiento parental. Son señales clave para evaluar si las iniciativas realmente están mejorando la experiencia de niños, niñas y adolescentes.
La tercera dimensión se vincula con la gestión corporativa. Evaluamos cuántas familias utilizan el Plan Más Seguro, cuántas formaciones se han impartido a padres y menores, el cumplimiento de marcos éticos y de privacidad, y los avances en gobernanza dentro de nuestros comités ASG. Esto permite proyectar la sostenibilidad del trabajo y tomar decisiones sobre su escalamiento.
Mirando hacia los próximos cinco a diez años, ¿cuáles son las tres conversaciones incómodas pero impostergables que el sector telecomunicaciones y tecnología debe darse consigo mismo si realmente quiere impulsar una tecnología más humana: en materia de contenidos, modelos de monetización, publicidad dirigida a menores, huella ambiental de las redes u otros ámbitos? ¿Qué papel le gustaría que jugara CLARO Chile y VTR en esa conversación regional?
En los próximos años, el sector de telecomunicaciones y tecnología tendrá que abordar conversaciones clave: la primera tiene que ver con la niñez y los modelos de negocio digitales: qué prácticas son aceptables, cómo se protege la atención infantil y de qué manera se evita que los algoritmos de entretenimiento se impongan sobre el bienestar. Es un tema que exige criterios comunes y marcos de protección más claros.
La segunda conversación necesaria es el impacto ambiental de la conectividad. Eso implica avanzar hacia data centers más eficientes, energías limpias, prácticas de economía circular, reducir consumo energético y metas climáticas que reflejen la magnitud del desafío.
El tercer tema es la ética de la inteligencia artificial en la vida cotidiana. La IA que recomienda contenidos, productos o información tiene efectos sociales profundos; no puede operar como una caja negra. Se requiere mayor transparencia, estándares compartidos y una gobernanza que permita equilibrar innovación con responsabilidad.
Desde ahí, el rol que queremos jugar es claro: participar activamente en estas discusiones, promover estándares altos de bienestar digital y protección de la niñez, fortalecer la alfabetización digital y demostrar, con acciones concretas, que es posible combinar innovación con responsabilidad. El futuro digital de Chile se construye de manera colectiva entre Estado, empresas, academia y familias. Queremos ser parte de esas conversaciones difíciles, pero indispensables.
Factores Clave
- Bienestar digital como eje de la Estrategia “Juntos Construimos Futuro”, con productos concretos como el Plan Más Seguro y la integración de software SoyMomo.
- Despliegue de la red de fibra óptica al hogar más grande de Chile y renovaciones 5G, acompañado de alfabetización digital para cerca de dos mil personas al año.
- Radiografías digitales (incluida Senior Tech) y alianzas público-privadas que generan evidencia para políticas y decisiones empresariales sobre niñez, adultos mayores y bienestar digital.
- Gobernanza robusta mediante comité de sostenibilidad y mesas de trabajo en ciudadanía digital, datos, ética en IA y ciberseguridad, integradas al corazón del negocio.
La trayectoria de Cyntia Soto muestra cómo la sostenibilidad deja de ser discurso cuando se traduce en decisiones de red, productos y gobernanza orientadas al bienestar digital de niños, adolescentes, adultos mayores y familias completas. Al conectar datos duros sobre ciberacoso, fraude y brechas de habilidades con inversiones en infraestructura, alfabetización y alianzas público-privadas, vincula métricas, tecnología y valor social con la sostenibilidad del negocio. Su apuesta por una tecnología “más humana” anticipa un futuro en el que el sector telecomunicaciones y tecnología será medido no solo por la velocidad de sus redes, sino por la calidad, seguridad y equidad de las experiencias que habilita.