Convertir el hidrógeno verde en desarrollo justo

“El liderazgo real no se mide por cuánto se habla, sino por cuánto se transforma.”

                                                                                                                                           Grace Keller

Desde el periodismo energético y la comunicación estratégica, Grace Keller se ha convertido en una de las voces más influyentes del ecosistema de hidrógeno verde en Chile y Latinoamérica. Fundadora y directora de H2News —plataforma multimedia referente en la conversación técnica y pública sobre hidrógeno verde—, vicepresidenta de la Asociación Chilena de Hidrógeno (H2 Chile), diplomada en Economía del Hidrógeno Verde por la USACH y con más de diez años de experiencia en energías renovables, ha ayudado a ordenar, traducir y proyectar un debate complejo hacia la acción. Su trayectoria conecta medios, industria, academia y territorios, con foco en una transición energética sostenible, justa e inclusiva. En esta entrevista, en el marco de la edición internacional de Factor de Éxito dedicada a la sostenibilidad, Grace reflexiona sobre gobernanza, liderazgo, comunicación responsable y el desafío de convertir el potencial del hidrógeno verde en desarrollo real para las comunidades.

Desde tu perspectiva, ¿en qué etapa real se encuentra la economía del hidrógeno verde en Chile y Latinoamérica, y cuáles son las brechas estructurales (tecnológicas, regulatorias y de capital humano) que aún deben cerrarse para acelerar la transición energética?

Hoy estamos en una etapa de pre-despliegue con pilotos estratégicos que empiezan a madurar, pero lejos aún de una industria masiva. Chile y Latinoamérica han avanzado en visión, estudios, cooperación internacional y primeras inversiones, pero lo estructural sigue pendiente: infraestructura habilitante, marcos regulatorios claros, capital humano especializado y mercados reales con señales de demanda.

La región tiene ventajas naturales únicas, pero eso no basta. Se necesita capacidad estatal para dar certezas, financiamiento de largo plazo y una curva de aprendizaje más rápida en operación, seguridad, logística y servicios asociados. El potencial es enorme; lo urgente es transformarlo en proyectos operativos y cadenas de valor locales.

H2NEWS se ha convertido en un actor clave en la comunicación especializada del sector. ¿Qué rol juega la divulgación responsable y técnica en la gobernanza de nuevas industrias como el hidrógeno verde, y cómo se evitan narrativas superficiales o sobredimensionadas?

La comunicación especializada es un pilar de gobernanza. Cuando fundé H2News entendí que, sin información rigurosa, transparente y comprensible, una industria como el hidrógeno verde podía quedar atrapada entre promesas grandilocuentes y proyecciones irreales. Por eso construimos un medio basado en evidencia, análisis técnico, investigación seria y una red de colaboradores con trayectoria real en energía, economía, ciencia, política pública y sustentabilidad.

Ese trabajo sostenido nos ha permitido consolidar un prestigio reconocido en el ecosistema, tanto en Chile como a nivel internacional. No fue casualidad: lo logramos publicando estudios relevantes, entrevistas especializadas, reportes exclusivos, análisis de mercado, cobertura en terreno, seguimiento normativo y opiniones de expertos que ayudan a ordenar una conversación compleja. Hoy somos un referente porque actuamos como puente entre industria, Estado, academia y ciudadanía, manteniendo siempre independencia editorial.

Evitar narrativas superficiales exige justamente eso: criterios editoriales sólidos, fuentes verificables, datos contrastados y la decisión —a veces incómoda— de frenar la sobreventa tecnológica. En un sector naciente, la responsabilidad no es amplificar ruido, sino generar claridad, ofrecer contexto, aportar mirada estratégica y sostener debates que fortalezcan la toma de decisiones.

La divulgación responsable no es un adorno de la industria, es la base que la sostiene. En H2News hemos demostrado que el periodismo energético, cuando se ejerce con rigor, se convierte en un verdadero activo de gobernanza.

Como Vicepresidenta de H2 Chile, ¿cuáles son hoy los desafíos más urgentes para consolidar una hoja de ruta de hidrógeno verde que sea sostenible, justa y con impacto real en las comunidades?

El primer desafío es alineación: que Estado, industria, academia y territorios hablen desde la misma evidencia y no desde expectativas aisladas. Lo segundo es territorializar la estrategia: el desarrollo del hidrógeno verde debe integrarse a las realidades productivas locales, generar empleo calificado y asegurar beneficios concretos para las comunidades.

Lo tercero es avanzar en seguridad, normativas y certificación, sin lo cual no habrá mercado exportador ni proyectos bancables. Y en este punto cabe mencionar los procesos de permisos que, muchas veces, traban las inversiones. Y aquí es importante decir que desde la industria no estamos pidiendo que lograr permisos ambientales sea más fácil, lo que estamos pidiendo es que se aceleren los procesos, la recepción, modernizar el sistema, contar con el personal capacitado y eficiente que se requiere para una industria del siglo XXI.

Por lo tanto, debemos incorporar desde el comienzo una mirada de equidad de género y diversidad, no como un adorno, sino como una condición para que esta industria sea realmente moderna, justa y competitiva.

En tu experiencia, ¿cómo se construye liderazgo en sectores altamente técnicos como energía y transición verde? ¿Qué características diferencian a los líderes que realmente transforman de aquellos que solo comunican transformación?

El liderazgo real no se mide por cuánto se habla, sino por cuánto se transforma. En sectores técnicos, las personas que logran impacto son aquellas capaces de unir conocimiento, visión estratégica y capacidad de articulación.

Para mí, el liderazgo incluye la dimensión humana. Está en uno, viene desde dentro y clave es escuchar a los equipos, abrir espacios a nuevas voces, promover mujeres líderes y reconocer que ninguna transición se hace sola. Lo aprendí en Walk the Talk, donde demostramos que la energía puede pensarse desde otro lugar: más colaborativo, más horizontal, más valiente.

Chile suele presentarse como uno de los países con mayor potencial para producir hidrógeno verde a escala. ¿Qué condiciones deben darse para que ese potencial se traduzca en inversiones concretas y proyectos operativos, y no solo en promesas?

Chile ha avanzado más de lo que a veces reconocemos. En los últimos años hemos visto el avance del Plan de Hidrógeno Verde, inversiones reales, estudios serios, pilotos operativos, la consolidación de un marco estratégico y, recientemente, la discusión de una Ley de Incentivo al Hidrógeno Verde, que busca dar señales claras al mercado mediante beneficios tributarios, financiamiento y mecanismos para destrabar el consumo interno. Sin olvidar proyectos que han recibido aprobación del Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental. Todo esto marca un cambio respecto a la etapa puramente declarativa que caracterizó los primeros años.

Pero para transformar definitivamente el potencial en proyectos operativos de escala industrial, aún se deben cumplir tres condiciones estructurales, cada una con un nivel de profundidad mucho mayor que el diagnóstico general:

Reglas claras: El sistema de permisos sectoriales debe modernizarse para ser predecible, entendible y coherente con la madurez tecnológica actual. La industria necesita criterios unificados, tiempos conocidos, estándares de seguridad armonizados y garantías de acceso a infraestructura crítica: puertos, líneas de transmisión, agua, corredores logísticos y posibles terminales de amoníaco o combustibles sintéticos. La discusión de la Ley de Incentivo al Hidrógeno Verde es un ejemplo de avance: por primera vez vemos al Estado intentando construir certezas regulatorias de largo plazo, fundamentales para destrabar inversiones que requieren compromisos por más de 20 años.

Demanda asegurada: La gran pregunta del ecosistema ha sido cómo generar una demanda local capaz de justificar inversiones tempranas. Esa respuesta comienza a tomar forma en aplicaciones concretas como el transporte de carga, capital humano, la operación de maquinaria agrícola e industrial, la producción de fertilizantes verdes y ciertos procesos manufactureros de alta emisión. En minería, aunque aún persisten dudas sobre la velocidad y el tipo de adopción, los primeros casos de uso —movilización interna, transporte asociado y equipos auxiliares— empiezan a delinear una trayectoria posible. En el ámbito portuario, más que demanda directa, la logística actúa como habilitador clave para el flujo, almacenamiento y distribución del hidrógeno.

Los primeros contratos de suministro, los pilotos logísticos, las pruebas con camiones y buses, y la exploración de combustibles sintéticos para minería o aviación muestran que Chile está empezando a crear un mercado doméstico real, aunque aún insuficiente para sostener el despegue completo de la industria. La señal clave será la alianza entre industria y Estado para fomentar offtakes de largo plazo, mecanismos de compra pública y acuerdos sectoriales que den estabilidad a la cadena.

Capacidades locales: No habrá industria sostenible sin un ecosistema que crezca desde los territorios. Chile necesita proveedores especializados, formación técnica certificada, innovación aplicada, manufactura regional y capacidades de operación y mantenimiento. El fortalecimiento de centros tecnológicos, universidades, institutos profesionales y proveedores de ingeniería es esencial. También lo es que las regiones —Magallanes, Antofagasta, Biobío, Tarapacá— reciban la inversión necesaria para desarrollar habilidades locales, infraestructura compartida y gobernanza territorial moderna. Este punto es crítico para evitar la dependencia externa y para asegurar que la transición beneficie realmente a las comunidades.

Cuando estas tres condiciones se consolidan de manera simultánea —regulación clara, demanda efectiva y capacidades locales— el hidrógeno verde deja de ser una narrativa aspiracional y se convierte en una industria operativa, con proyectos que generan empleo, exportaciones, encadenamientos productivos y crecimiento regional. Y Chile, a diferencia de muchos países, ya ha empezado a transitar ese camino.

Como periodista especializada en energías renovables y transición energética, ¿cuál es tu lectura sobre la responsabilidad que tienen los medios en educar al mercado, a los gobiernos y a la ciudadanía sobre la sostenibilidad?

La sostenibilidad necesita lenguaje claro, información confiable y espacios donde la evidencia pueda dialogar con la política pública y la ciudadanía de manera transparente. Aquí es donde los medios especializados, de nicho, cumplen un rol insustituible. No debemos ser observadores pasivos, sino parte de la arquitectura que da forma a cómo una sociedad entiende su futuro energético. En el caso del hidrógeno verde, desde mi incorporación como socia profesional en la Asociación Chilena del Hidrógeno, H2 Chile, planteé que es importante considerar la comunicación en el nacimiento de una nueva industria, para evitar errores del pasado. Incluso, avancé hacia la premisa de que las comunicaciones deben ser parte de la cadena de valor del hidrógeno renovable, pues la industria de este siglo es integrativa, diversa, transversal.

Los medios tienen la responsabilidad de elevar la conversación, no de simplificarla al punto de perder profundidad. La transición energética es compleja y, precisamente por eso, requiere una comunicación que se atreva a explicar con rigor, que contextualice, que desmitifique y que abra preguntas en lugar de encerrarlas en trincheras ideológicas.

Al mismo tiempo, la comunicación debe ser constructiva y orientada a soluciones. El periodismo especializado no está para generar temor ni fricción innecesaria, sino para ofrecer interpretaciones sólidas que permitan a gobiernos, empresas, academia y ciudadanía tomar decisiones mejor informadas. Es un trabajo que exige independencia, pero también visión de país.

En mi experiencia, cuando los medios asumen esa responsabilidad con seriedad —como lo hacemos en H2News— se genera algo muy valioso: confianza. Y la confianza es la base de cualquier industria emergente. La sostenibilidad no se impulsa solo con tecnología, sino con información que ilumina el camino, reduce incertidumbre y convierte un desafío técnico en un proyecto social compartido.

En síntesis: la responsabilidad de los medios no es convencer; es orientar, educar y abrir horizontes. Cuando eso ocurre, las transiciones se vuelven posibles.

Has vivido y trabajado en Europa y Sudamérica. ¿Qué aprendizajes interculturales crees que pueden aportar a Chile y a la región una visión más madura, integral y colaborativa del desarrollo energético y de los proyectos de hidrógeno verde?

Europa me enseñó la importancia de la disciplina institucional, la consistencia regulatoria y el largo plazo. Sudamérica me recuerda cada día la creatividad, flexibilidad y resiliencia con la que construimos soluciones, incluso en contextos inciertos.

La combinación de ambas culturas es una ventaja: Chile puede aprender de la rigurosidad europea sin perder su capacidad de adaptación. Y, sobre todo, podemos integrar modelos donde la cooperación internacional se convierte en acelerador de capacidades locales y no en dependencia. Y así se ha demostrado. El avance en la instalación de una industria del hidrógeno verde ha estado empujado por políticas públicas impulsadas desde la Unión Europea, Corea del Sur, Japón, Australia, entre otros. Con financiamiento, cooperación e intercambio de experiencias.

La transición energética no es solo tecnológica; también implica cambios sociales, institucionales y económicos. Desde tu mirada: ¿cómo garantizamos que esta transición sea inclusiva y genere oportunidades para mujeres, jóvenes y territorios históricamente rezagados?

La transición energética no puede entenderse solo como un cambio tecnológico. Es, ante todo, un proceso social, y como tal debe construirse desde la inclusión y la justicia. Si no es justa, no es transición; es solo reemplazo tecnológico.

Si queremos ser realistas, hoy la transición energética no es inclusiva, y ciertamente no es justa. Las buenas intenciones no cambian estructuras; las políticas aisladas tampoco. Y la realidad nos alcanza todos los días: brechas de género que no cierran, regiones que aún no ven ni un empleo estable, comunidades que desconfían porque han sido testigos de demasiados procesos extractivos con promesas incumplidas.

En el caso de las mujeres, el sector energético aún funciona bajo lógicas tradicionales donde el liderazgo femenino tiene que justificarse dos veces. Desde Walk the Talk lo vemos a diario: mujeres talentosas que siguen sin llegar a los espacios donde se decide. No por falta de competencia, sino por falta de apertura real, pero también de inseguridad en ellas mismas.

En las regiones la situación es similar. Zonas como Magallanes o Antofagasta, por ejemplo, escuchan hablar sobre el “potencial gigantesco” del hidrógeno verde, pero las oportunidades tangibles todavía son incipientes. Es comprensible que haya dudas, porque la experiencia histórica les enseñó que las grandes industrias llegan, extraen, se llevan el valor y dejan poco en el territorio. La transición energética solo será legítima si rompe ese patrón. Y romperlo significa encadenamientos productivos locales, empleos bien pagados, capacitación real, gobernanza territorial y no solo consultas y presentaciones.

Si no se avanza de forma paralela y con una visión de 360 grados, seguiremos adictos a los combustibles fósiles, industria que ha facilitado nuestro desarrollo industrial, pero cuya visión global pertenece al siglo pasado y hoy sigue siendo competencia directa.

En consecuencia , debemos avanzar hacia políticas públicas que aseguren que el desarrollo energético no profundizará desigualdades, sino que abrirá puertas nuevas para quienes hoy tienen menos oportunidades. Una transición que no incluye a mujeres, jóvenes, pueblos originarios y regiones no solo es injusta, sino que será ineficiente y frágil. Creo que el gran atraso en compromisos en la COP30 responde a eso.

Muchos expertos hablan de la importancia de los “ecosistemas” en las industrias emergentes. ¿Qué elementos son indispensables para que Chile consolide un ecosistema robusto de hidrógeno verde que articule industria, academia, gobierno, comunidades y medios?

Un ecosistema no es solo tecnología y proyectos; es la conexión entre actores. Para que este ecosistema funcione, Chile necesita:

  • Industria con visión estratégica, no solo inversión inicial.
  • Academia que investigue, pilotee y transfiera conocimiento.
  • Gobierno con capacidad de coordinación y regulación inteligente.
  • Comunidades informadas, parte de la planificación y beneficiarias del desarrollo.
  • Medios especializados que mantengan el debate técnico y transparente.

Cuando estos cinco elementos se alinean, el ecosistema deja de ser promesa y se convierte en motor de desarrollo.

Mirando hacia adelante, ¿cuál es tu visión del futuro energético de Chile y la región? ¿Qué tendencias, tecnologías o modelos de gobernanza marcarán la próxima década, y cómo debemos prepararnos desde hoy para no quedarnos atrás?

La próxima década estará marcada por tres fuerzas: electrificación acelerada, combustibles verdes complementarios y gobernanza colaborativa. Y, por supuesto, con cambios de paradigma económicos importantes.

No es posible que solo pensemos en el precio en una industria que aún no nace. No es posible que se le compare con la industria de los combustibles fósiles que tiene más de 150 años de desarrollo y cuyo inicio —y hasta ahora inclusive— no considera las externalidades negativas que implica su extracción. En una industria moderna, se piensa más allá que solo satisfacer las necesidades básicas del ser humano. Los requisitos de hoy para este bienestar incluyen energía, agua potable, comida, salud, educación, renta y trabajo, justicia y paz, participación política, equidad social, igualdad de género, vivienda, y redes y conectividad. Todas ellas conforman el suelo mínimo social. Pero para lograr todo eso, no podemos olvidar los límites medioambientales, el techo ecológico, ya que los recursos no son infinitos y ahí el cambio climático, la acidificación de los océanos, la contaminación química, la reducción de la capa de ozono, la pérdida de nuestra biodiversidad, entre otros, comienzan a jugar un rol relevante para nuestro futuro. Por lo tanto no es fácil para una industria nueva lograr ciertos equilibrios, especialmente en la etapa inicial. 

Entonces ahí viene a mi mente la pregunta automática: ¿cómo me pides solo bajo precio cuando aún no logramos concretar esta nueva industria? Hablemos de lo que significa para el futuro, de las emisiones de CO₂ que abatirá, de la descarbonización de industrias y procesos difíciles de electrificar o, simplemente, de que sus derivados pueden permitirnos eliminar consumos fósiles en el transporte marítimo, aéreo o de largo alcance, por ejemplo.

Veremos converger redes inteligentes, almacenamiento de nueva generación, movilidad eléctrica pesada, combustibles sintéticos, hidrógeno para procesos industriales y nuevos modelos de infraestructura compartida. Toda nueva tecnología deberá tener su espacio. Chile tiene la oportunidad de ser líder si mantiene foco, consistencia y diálogo. El futuro energético será híbrido, digital, descentralizado y profundamente humano. La pregunta no es si podremos adaptarnos, sino si podremos liderar. Y creo que sí.

Factores clave

  • Ecosistema robusto: alineación entre Estado, industria, academia, territorios y medios como base de gobernanza para el hidrógeno verde.
  • Transición justa: sin inclusión real de mujeres, jóvenes, regiones y comunidades, no hay verdadera transición energética, solo reemplazo tecnológico.
  • De potencial a realidad: regulación clara, demanda asegurada y capacidades locales son las tres condiciones estructurales para una industria operativa.
  • Comunicación como activo: la divulgación especializada rigurosa se convierte en parte de la cadena de valor del hidrógeno renovable y en un factor de confianza sistémica.

La visión de Grace Keller trasciende la técnica para situar al hidrógeno verde en el corazón de un nuevo pacto entre desarrollo, sostenibilidad e inclusión. Desde H2News, H2 Chile y su trabajo en redes globales, impulsa una conversación basada en evidencia, gobernanza responsable y oportunidades reales para los territorios. Su mirada integra marcos regulatorios modernos, mercados con demanda efectiva, capacidades locales y una comunicación que genera confianza, no ruido. En un contexto donde Chile y la región buscan posicionarse como líderes energéticos, su llamado es claro: medir el éxito no solo en megawatts o inversiones, sino en empleos de calidad, reducción de emisiones y equidad social. El futuro energético será híbrido, colaborativo y profundamente humano, si elegimos liderarlo con propósito.