Convertir la sostenibilidad en valor financiero íntegro
“Las bolsas de valores son un pilar del ecosistema financiero no solo por movilizar capital, sino por su capacidad de elevar los estándares de transparencia, gobernanza e integridad.”
Mara Wolf
Con más de 16 años de trayectoria en sostenibilidad, una sólida formación jurídica y una visión estratégica del negocio, Mara Wolf se ha consolidado como una de las voces más influyentes en la integración de los criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ASG) en los diferentes países de la región. Desde Latinex, impulsa un mercado de capitales sostenible, contribuyendo a elevar la integridad, la transparencia y la trazabilidad de la información, el financiamiento sostenible, y los instrumentos temáticos. En esta conversación, en el marco de la edición #19 de Factor de Éxito Panamá, “Resultados sostenibles: Inversión, gobernanza y alianzas”, profundiza en cómo la gobernanza, los mercados de carbono, la debida diligencia y el liderazgo con propósito están redefiniendo la creación de valor en América Latina.
Desde su rol en la Bolsa Latinoamericana de Valores (Latinex), ¿cómo está cambiando el concepto de “creación de valor” cuando se integran de manera seria los criterios ASG? ¿Qué indicadores o señales concretas observa en los emisores e inversionistas que le permiten afirmar que la sostenibilidad está dejando de ser un discurso reputacional para convertirse en un criterio real de decisión financiera y de gestión de riesgo?
En los mercados de capitales, la creación de valor dejó de medirse únicamente por los retornos financieros. Hoy incorpora cómo las empresas gestionan el riesgo climático, la gobernanza, la integridad, el capital humano y su capacidad de resiliencia. Resulta importante la evolución de la sostenibilidad de un discurso reputacional a un criterio real de decisión financiera y de gestión de riesgos.
Las señales son claras. Los inversionistas institucionales exigen métricas estandarizadas, verificables y comparables, además de información accesible y transparente. También vemos la integración creciente de los riesgos climáticos en las decisiones crediticias y de inversión, junto con la necesidad de un fortalecimiento de la gobernanza a través de comités ASG/sostenibilidad, matrices de competencias y mecanismos de rendición de cuentas más robustos.
La creación de valor ya está migrando, y debe seguir haciéndolo, hacia la gestión responsable del riesgo, la anticipación regulatoria y la capacidad de demostrar impacto con integridad.
La gobernanza de la sostenibilidad suele ser el eslabón más débil en muchas organizaciones: existe la estrategia, pero no siempre la estructura. ¿Cuáles considera que son los errores más frecuentes que cometen las empresas latinoamericanas al diseñar su arquitectura de gobernanza ASG (comités, roles, responsabilidades, rendición de cuentas) y qué buenas prácticas recomendaría para que esa gobernanza sea realmente vinculante y no solo declarativa?
El desafío no está en redactar la estrategia, sino en darle estructura, gobernanza y rigor. Los errores más frecuentes incluyen crear una gobernanza ASG sin participación y apoyo real de la Junta Directiva, inexistencia de comités de sostenibilidad, o bien comités sin mandato ni alcance definidos, un énfasis en comunicación en lugar de evidencia, y la falta de integración entre los riesgos ASG y el gobierno corporativo.
Estos vacíos se superan con prácticas esenciales: una asignación formal de responsabilidades ASG a nivel de Junta; comités con atribuciones claras y planes de trabajo anuales; estrategias basadas en doble materialidad; métricas vinculadas al desempeño y a los incentivos ejecutivos; y una capacitación continua en clima, derechos humanos, biodiversidad y tendencias regulatorias. La sostenibilidad exige disciplina y mejora continua para mantenerse alineada con la evolución del entorno.
Su formación jurídica y su especialización en derecho corporativo, propiedad intelectual y comercio internacional le dan una mirada única sobre la sostenibilidad. ¿De qué manera el derecho corporativo y los marcos regulatorios actuales impulsan —o limitan— la integración de la sostenibilidad en el corazón del negocio? ¿Qué cambios normativos o de soft law (códigos de buen gobierno, principios voluntarios, guías de reporte) considera urgentes para alinear mejor las obligaciones legales con las expectativas ASG?
Desde mi perspectiva, el derecho corporativo debe evolucionar hacia una interpretación más amplia del deber fiduciario, en la que proteger el negocio implica también gestionar sus impactos sociales, ambientales y climáticos. Esto permite conectar la sostenibilidad con la gobernanza, la innovación y los estándares globales. En mi experiencia, tener una formación jurídica me ha brindado una visión estratégica del negocio y una comprensión profunda de los riesgos, la reputación y la creación de valor, teniendo un enfoque integral.
Para acelerar la integración ASG, es clave armonizar los requisitos de reporte con estándares internacionales, avanzar en regulaciones de debida diligencia en derechos humanos y cadenas de suministro, temas de igualdad de género, así como fortalecer los pilares de transparencia y gobierno corporativo como práctica estándar. A ello se suma la necesidad de una divulgación más robusta de riesgos climáticos. Estos elementos permitirán escalar el impacto, elevar la integridad del mercado y ofrecer mayor previsibilidad tanto a emisores como a inversionistas.
Las finanzas sostenibles y los mercados de carbono están entrando en una fase donde se exige mayor integridad, trazabilidad y evidencia de impacto. Desde su experiencia, ¿cuáles son los principales desafíos que Latinoamérica enfrenta para desarrollar mercados de carbono creíbles y robustos, y cómo pueden las bolsas de valores convertirse en plataformas confiables para canalizar inversiones climáticas que eviten el greenwashing y generen beneficios reales para las comunidades y los ecosistemas?
En América Latina, los principales desafíos para el desarrollo de los mercados de carbono en general están relacionados con la integridad ambiental. Esto exige metodologías sólidas y sistemas de medición, reporte y verificación que sean precisos, transparentes y auditables, garantizando adicionalidad real y alineación con estándares internacionales. A ello se suman la necesidad de trazabilidad para evitar la doble contabilidad, así como marcos regulatorios compatibles entre países.
Igualmente, la necesidad de fortalecer la capacidad técnica de los actores: reguladores, verificadores y desarrolladores de proyectos, y garantizar seguridad jurídica y claridad institucional para atraer inversión. Finalmente, es clave impulsar una demanda corporativa que valore créditos de alta calidad y proyectos que generen beneficios reales para las comunidades y los ecosistemas. En Panamá avanzamos en la construcción del marco regulatorio para la futura Bolsa Panameña del Carbono, lo que representa un paso importante para el país y la región.
En cuanto a las finanzas sostenibles, el valor de las bolsas de valores radica en su capacidad de generar confianza. Las emisiones temáticas requieren transparencia, criterios técnicos rigurosos y procesos de revisión estrictos de cumplimiento para evitar el greenwashing. En Latinex hemos desarrollado una Guía para el Reporte y la Divulgación Voluntaria de Factores ASG, en conjunto con BID Invest (la cual próximamente será actualizada), y una Guía para la Emisión de Instrumentos Financieros Temáticos Etiquetados, actualizada y lanzada este año en colaboración con BID Invest y Climate Bonds Initiative, que orientan y fortalecen la integridad del mercado.
Las bolsas de valores son un pilar del ecosistema financiero no solo por movilizar capital, sino por su capacidad de elevar los estándares de transparencia, gobernanza e integridad. Hoy desempeñan un rol estratégico en sostenibilidad y acción climática al establecer criterios robustos para las finanzas sostenibles y promover la divulgación climática alineada con estándares internacionales, contribuyendo a la transición hacia una economía baja en carbono.
La debida diligencia social y ambiental se está volviendo un estándar esperado por reguladores, inversionistas y cadenas globales de suministro. ¿Qué tan preparadas ve a las empresas de la región para implementar procesos de debida diligencia alineados con estándares internacionales (derechos humanos, trabajo decente, comunidades, cambio climático)? ¿Dónde están las mayores brechas: en capacidades técnicas, en cultura organizacional, en información, en voluntad política interna?
Las empresas de la región están avanzando, pero las brechas siguen siendo significativas. En su mayoría, aún no están plenamente preparadas para implementar debidas diligencias sociales y ambientales alineadas con estándares internacionales. Persisten limitaciones en la capacidad técnica, ausencia de sistemas de datos con trazabilidad confiable, y deficiencias de información provenientes de proveedores (especialmente MIPYMES) que carecen de herramientas y recursos para reportar de forma adecuada. A ello se suma, en algunos casos, la falta de integración entre áreas internas y una cultura organizacional que todavía trata la sostenibilidad de forma fragmentada, pese a su naturaleza transversal.
Además, la voluntad política interna y el liderazgo corporativo no siempre están alineados con las exigencias crecientes de los mercados internacionales, lo que retrasa la adopción de procesos formales de debida diligencia. Muchas organizaciones aún ven estos temas como cumplimiento, no como gestión estratégica del riesgo.
Superar estas brechas requiere adoptar marcos formales basados en riesgos, invertir en programas de capacitación continua, fortalecer la gobernanza interna y contar con herramientas que permitan evaluar proveedores según estándares internacionales. Solo así las empresas podrán construir cadenas de valor más responsables, trazables y resilientes, cumpliendo con las expectativas de reguladores, inversionistas y socios comerciales globales.
En la construcción de ciudades y activos sostenibles, el diálogo entre desarrolladores, financiadores, reguladores y comunidades es cada vez más complejo. ¿Qué aprendizajes clave extrae de su experiencia en construcción sostenible que puedan servir de guía para diseñar proyectos que sean financieramente viables, bajos en carbono, resilientes al clima y socialmente legítimos? ¿Qué tipo de métricas deberían ser “no negociables” en esta nueva generación de proyectos?
Mi experiencia en edificaciones sostenibles me dejó una lección fundamental: la sostenibilidad debe integrarse desde la etapa de diseño. Esto exige un diálogo temprano y continuo entre reguladores, financistas y desarrolladores, porque un activo verdaderamente sostenible debe ser viable en términos financieros, sociales y ambientales.
En este contexto, considero que hay métricas que no son negociables:
- Huella de carbono del ciclo de vida, para garantizar reducciones reales y evitar trasladar emisiones entre etapas.
- Eficiencia energética e hídrica, con objetivos claros, medibles y verificables.
- Adaptación y resiliencia climática, incorporadas desde el diseño para enfrentar riesgos futuros.
- Accesibilidad universal e inclusión, como componentes esenciales del valor social del activo.
- Estandarización bajo marcos reconocidos (LEED, EDGE, BREEAM), que aportan rigor técnico y comparabilidad.
Integrar estos elementos desde el inicio es lo que realmente diferencia un proyecto sostenible de uno que simplemente intenta cumplir los requisitos mínimos.
Además de su trayectoria técnica, usted es Coach Certificada, lo que introduce una dimensión humana muy potente en su liderazgo. ¿Cómo se integra el coaching en su gestión de sostenibilidad y RSE a nivel corporativo? ¿Qué cambios observa cuando los líderes dejan de ver la sostenibilidad solo como un requerimiento regulatorio y comienzan a trabajarla desde la consciencia, el propósito personal y la coherencia en su estilo de liderazgo?
En mi caso, el coaching ha aportado una profundidad invaluable a mi visión de la sostenibilidad, porque me ha permitido desarrollar un liderazgo basado en coherencia, propósito y valores. Me ha enseñado a trabajar con pasión, pero siempre con criterio, rigor y fundamento. Este enfoque transforma la manera en que se gestiona la sostenibilidad dentro de las organizaciones.
Cuando los líderes dejan de ver la sostenibilidad como un requisito más y comienzan a integrarla desde la convicción, se produce un cambio cualitativo: pasan del simple cumplimiento a una comprensión estratégica del impacto. Esto fortalece la cultura corporativa, evita que la sostenibilidad se trate como una tendencia pasajera y potencia la capacidad de la organización para gestionar complejidad, transición e incertidumbre.
El coaching también aporta habilidades esenciales para esta etapa: una comunicación más empática y efectiva, escucha activa, toma de decisiones más consciente y una visión más amplia de los efectos intergeneracionales. En términos generales, promueve un liderazgo con propósito claro, capaz de alinear a los equipos, inspirar acción y guiar a la organización hacia una sostenibilidad auténtica y transformadora.
Mirando la próxima década, la sostenibilidad se enfrentará a una tensión creciente entre urgencia climática, presión regulatoria y expectativas sociales. Si tuviera que priorizar tres decisiones estratégicas que hoy mismo deberían tomar las organizaciones latinoamericanas para llegar preparadas a 2035 —en materia de gobernanza, finanzas sostenibles y gestión de impactos—, ¿cuáles serían y por qué considera que marcarán la diferencia entre quienes lideren la transición y quienes queden rezagados?
De aquí a 2035, las organizaciones latinoamericanas deben tomar tres decisiones estratégicas si quieren liderar la transición sostenible, mantener competitividad y asegurar acceso a capital.
Primero, fortalecer la gobernanza de la sostenibilidad.
Esto implica dotar a la Junta Directiva y a la alta gerencia de competencias ASG, establecer métricas claras de desempeño y robustos mecanismos de rendición de cuentas. La sostenibilidad debe integrarse en las estructuras de decisión.
Segundo, incorporar la gestión climática en la estrategia empresarial.
Las compañías necesitan metas basadas en ciencia, una gestión rigurosa del riesgo climático y planes de adaptación alineados a escenarios futuros. La transición energética, la eficiencia de recursos y la resiliencia deben convertirse en pilares de competitividad, no solo en compromisos declarativos.
Y tercero, gestionar y divulgar sus impactos de manera medible, trazable y verificable.
Esto requiere infraestructura de datos ASG, evidencia de impacto, trazabilidad, verificación independiente y métricas sociales y ambientales sólidas que permitan demostrar resultados reales. La transparencia será un diferenciador clave en mercados que exigen integridad y comparabilidad.
Quienes avancen en estas tres dimensiones: gobernanza sólida, estrategia climática integrada y gestión rigurosa de impactos reportados, estarán en posición de liderar la transición.
Factores Clave
- La creación de valor en los mercados de capitales ya integra riesgo climático, gobernanza, integridad y resiliencia como dimensiones centrales del desempeño empresarial.
- La gobernanza ASG efectiva exige apoyo real de la Junta Directiva, comités con mandato claro, doble materialidad y métricas vinculadas a incentivos ejecutivos.
- El desarrollo de mercados de carbono robustos requiere integridad ambiental, trazabilidad, marcos regulatorios compatibles y una fuerte capacidad técnica, con las bolsas como garantes de transparencia.
- De cara a 2035, las prioridades estratégicas son: gobernanza de sostenibilidad fortalecida, gestión climática integrada al negocio e infraestructura de datos ASG para demostrar impactos verificables.
La visión de Mara Wolf aporta un puente sólido entre el rigor técnico de las finanzas sostenibles y la dimensión humana del liderazgo con propósito. Su trabajo muestra cómo las métricas, los marcos regulatorios y la tecnología solo generan verdadero valor cuando están al servicio de la integridad, la transparencia y el bienestar de las comunidades. Al impulsar mercados de carbono creíbles, fortalecer la gobernanza ASG y promover un liderazgo más consciente, contribuye a que la región transite hacia modelos de negocio resilientes, inclusivos y competitivos. De mantenerse esta ruta, América Latina puede pasar de ser solo un territorio con potencial a convertirse en un referente global de sostenibilidad aplicada al negocio.